El insumo compensa la deficiencia de nitrógeno que implica la producción agrícola intensiva, favorece a la tierra y la planta. Entidades de investigación recomiendan el uso correcto para garantizar efectividad.


Tan importante como el alimento para los humanos es el nitrógeno para la tierra y la semilla, bajo esa premisa, las entidades de investigación recomiendan el uso de inoculantes, un fertilizante biológico que permite la asimilación de nitrógeno en las plantas y hace posible la producción de proteína. El tema ya es parte de la cultura del agricultor, pero las fallas están en la forma de aplicación.
“El inoculante se aplica al momento de la siembra porque cuando la semilla empieza a germinar hay un diálogo biológico y la planta lo identifica como no patógeno, pero si se aplica fuera de la parte germinativa ya no lo va aceptar. Se debe aplicar durante y antes de la siembra”, afirma Alfredo Vaca, del Programa Inoculantes del CIAT.
Aunque los productores tienen muy presente la importancia de los inoculantes, hay prácticas negativas que afectan la efectividad de este elemento, apunta el especialista, pues muchas veces por la premura del tiempo para la siembra el agricultor mezcla fungicida, insecticida e inoculante. Sin duda el fungicida matará la enfermedad, pero también la bacteria que hace posible la nodulación.

CUIDADO DE LA TIERRA
De los años 70 a la fecha, la dinámica de producción ha hecho del cuidado de la tierra una necesidad al verificar que los suelos de Santa Cruz son deficientes en nitrógeno. Esa necesidad de buscar alternativas para mejorar la captación del elemento en los cultivos agrícolas orientó la visión al uso de inoculantes.
Sin duda, el inoculante natural proviene de una forma de vida simbiótica que viene de miles de años, entonces a través de investigaciones lo que ha logrado el hombre es traer ese rizobio al laboratorio y producirlo en grandes cantidades para que le llegue al agricultor. En vez de hacer lo que se hacía antiguamente, trasladar suelo de un lugar a otro, ahora se traslada la bacteria que es más liviana y van por millones, entonces se extraen los mejores rizobios seleccionados de campo, se los extrae de la planta, se los multiplica y luego se los pone en un soporte que facilite y mantiene mantiene su viabilidad que lo permite la reglamentación que es 1,6 y 1,3 meses para poder comercializar durante las campañas y le llegue  al agricultor.
“A diferencia de otros productos nosotros presentamos una fecha de vencimiento, un número de lote y el control el Senasag para poder distribuirlo, por ejemplo nosotros producimos y cuando entra a la cámara fría está con su cantidad de bacterias por ml o gramo fría, entonces procuramos que le llegue al agricultor justo con esa concentración porque el rizobio tiene que estar en una cantidad determinada para así nodular la semilla y competir también con otros problemas adversos a él”, indica Vaca.
Dada la importancia del uso de este insumo en áreas de cultivo intensivo, el CIAT realiza un trabajo permanente de información y difusión resaltando la importancia de devolverle a la tierra bacterias naturales que favorecerán a la nueva plana enriquecerán y permitirán la formación de granos.

PRODUCCIÓN DE INOCULANTES
El volumen de producción de inoculantes se redujo considerablemente por efecto del producto importado. “Producimos cerca de tres mil dosis por año, en inoculante sólido para frejol estamos produciendo cerca de 11 mil dosis por año en una distribución departamental y nacional. Producimos cerca de 1.500 de alfalfa y 17 a 20 mil dosis de soya en litro, eso significaría 400 kilos de semilla por cada litro, así podemos ver la cantidad que copamos en el mercado departamental”, concluye el funcionario del CIAT.