En Bolivia, la mayor parte del año, el 70% del hato lechero se encuentra expuesto a los efectos hostiles que ocasiona el estrés calórico.
Tomar medidas de prevención adecuadas y a tiempo para evitar el impacto del estrés calórico es la mejor herramienta de manejo en los predios. Adecuación del ambiente y las instalaciones, adaptar las rutinas cotidianas del predio y la oferta de agua y sombra a las vacas son acciones necesarias para prevenir los efectos adversos del estrés calórico en campos independientemente de sistemas de producción y/o escala (semipastoriles o confinamiento). En la vaca lechera se produce en condiciones de calor excesivo, humedad relativa ambiente elevada (60%) y radiación solar intensa, y trae problemas sanitarios, reproductivos y una disminución del rendimiento en producción de leche, básicamente por menor consumo de alimento, que oscila en disminución entre un 20 y 30% y equivale a una pérdida de 1,5 a 2 kg leche/vaca/día.
Sonia Montaño Gerente de Asocrale afirma que el estrés térmico, se produce cuando el aumento de la temperatura ambiental, hace que el animal pierda su capacidad de termorregulación, esto significa que el animal no logra un equilibrio entre la generación de calor metabólico, derivado de procesos fisiológicos, y de la digestión de alimentos y su disipación al ambiente.

Temperatura Ideal

Debe considerarse que la temperatura de confort para la vaca lechera, con un valor de humedad relativa ambiente razonable, oscila entre los 7 y 28° C. Si los valores de temperatura, humedad y viento cálido superan su límite de confort, la vaca tiene dificultad para disipar el calor corporal.
En este caso, se pueden observar signos clínicos del estrés calórico como jadeo, aumento de frecuencia respiratoria, hipertermia (temperatura mayor a 38,5°C), disminución de la rumia y signos subclínicos como menor consumo de alimentos, trastornos digestivos, inmunosupresión y en terneros de crianza artificial, también problemas respiratorios y/o
digestivos. Los terneros nacidos durante época de estrés térmico sin ambientes controlados pueden sufrir problemas de salud. La frecuencia respiratoria (si las vacas respiran más de 80 veces por minuto significa que
sufren severamente estrés calórico) y la hipertermia resultan ser los dos indicadores fisiológicos o signos clínicos de la vaca que sufre estrés térmico.

Consecuencias del calor

Cuando el estrés calórico se prolonga en el tiempo, se puede observar además una disminución de los valores de producción de hasta un 20%, y problemas reproductivos tales como bajas tasas de preñez, mortalidad embrionaria y menor fertilidad en las vacas. Esta situación relacionada con menor intensidad y duración de los celos y menores tasas de fertilidad global.

Vacas en preparto

Las vacas de alta producción y la crianza artificial son los más afectados por el calor y la humedad. Los animales jóvenes son más sensibles al calor. En la crianza artificial de terneras, también se detecta un aumento en la proporción de animales enfermos (terneros nacen más débiles y el postparto en las vacas se complica). El lote de vaca seca y corral de partos son punto crítico donde el confort es importante y prever los efectos del estrés calórico es esencial.

Alimentación

Se sugiere dietas que cubran los requerimientos nutricionales pero posean una baja actividad endógena fermentativa, a fin de reducir el calor producido en la digestión. Estas dietas son llamadas “dietas frías”. La vaca con estrés calórico deprime su consumo voluntario de alimento y disminuye su producción lechera entre un 15 y un 20%. También es menor la “eficiencia alimenticia” o la capacidad de transformar alimento en leche.
Para evitar esta situación, se deben proveer dietas frescas con:
– Alta densidad energética por kg de materia seca.
– Bajo contenido de fibra detergente neutro (FDN).
– Provisión adecuada y suficiente de agua.
– Provisión adecuada de sodio (Na) y potasio (K) en la dieta.
– Uso de grasas protegidas y subproductos.
El objetivo nutricional de las dietas frías es adaptar la ración con disminución de alimentos fibrosos y aumentar los concentrados en energía.

Recomendaciones

Al considerar que de octubre a enero son los meses de temperatura elevada en oriente boliviano, se recomienda a los productores lecheros el control y la prevención a través de proveer sombras, agua segura necesaria de bebida en bebederos suficientes y funcionales, alimentación e instalaciones adecuadas para minimizar los efectos del calor sobre la salud de las vacas.
También acordar los horarios cuando las vacas caminan al sol, modificar horarios de ordeñe y evitar arreos en horas de calor excesivo en algunas zonas del país (entre las 10 y 18 horas) relativos a la entrada y salida de las vacas a la sala de ordeño y coordinar con compradores las horas de retiro de la leche. Algunas de las recomendaciones principales consisten en proveer a los animales de sombras estratégicamente ubicadas, en el corral de espera pre-ordeñe y los comederos (media sombra); ventilación adecuada en la sala de ordeñe, sea fija o móvil; agua en cantidad y calidad suficiente, contenida en bebederos con capacidad de satisfacer los requerimientos después de cada ordeñe (80 a 100 litros de agua por día en vacas de alta producción).

Sombras y aireación

Se recomienda evitar arreos durante las horas de mayor radiación solar y calor, básicamente horas de ordeñe y la provisión de:

Sombra natural: árboles con protección perimetral.

Sombra artificial: en corral de espera, en piquetes y sobre comederos.

Aspersores y ventilación: en corral de espera, sala de ordeñe, sobre comederos y por ciclos. Ciclos de 30 a 45 minutos cada 3/4 horas (6 a 10 veces al día) de aspersión (30 segundos) seguidos de ventilación (4 a 5 minutos).
Una adecuada adaptación de las instalaciones, que proteja a los corrales lecheros del calor excesivo, se traduce en una mejor calidad de vida y un mayor rendimiento productivo.
La oferta de agua bebida segura en cantidad suficiente y ubicados en bebederos íntegros, en correcto funcionamiento y funcionales en lo posible a la salida del ordeñe con reflujo de agua garantizado de acuerdo a la cantidad de vacas que consumen debe considerarse y monitorear su funcionamiento en forma permanente.
“La experiencia, ha demostrado que el ganado que vive en ambientes confortables, con buena ventilación y manejo del estrés calórico, producen más leche, tiene vida más larga y más saludable” asevero Sonia Montaño.