Las proyecciones de crecimiento de la población hacen prever un incremento acelerado en la demanda de alimentos en el mundo, este escenario constituye una oportunidad también para la  producción de leche, mucho más para los países de América Latina que a la fecha aportan el 15% de la producción mundial. “América Latina tiene un gran potencial para ampliar la producción de leche porque tiene tierras disponibles para dedicarle a la producción, por otro lado la disponibilidad de agua, que son insumos indispensables para la producción, afirma Ariel Londinsky secretario general de la Federación Panamericana de Lechería (Fepale).

Un factor adicional, apunta, son los avances en investigación que vienen desarrollando a través de sus respectivas instituciones, cambiando la visión tradicional de traer tecnologías de otros países, es el caso de Embrapa de Brasil, INTA de Argentina, Uruguay, Chile y Colombia. Sin duda, todos los países tienen virtudes productivas y la escala productiva en la región es muy heterogénea, sin embargo, en el Cono Sur destacan Uruguay, Argentina, Chile y Costa Rica, países que profesionalizaron su producción alcanzando niveles de exportación. En los otros países el trabajo es también intensivo y en la actividad participa gran cantidad de pequeños productores.

¿Dónde encaja Bolivia?
Aunque el país no gravita en la producción de América Latina, su aporte es de gran valía, pues ha logrado generar una producción que abastece y supera la demanda interna. De hecho, el esfuerzo de productores ha logrado excedentes que la industria traduce en leche en polvo y en mínima cuantía exporta al Perú. El potencial que expresa Bolivia es importante en la perspectiva regional, entre los factores a favor están la diversidad climática, la población joven que está involucrada en el rubro y la fortaleza institucional. En el caso cruceño instituciones como la Federación de Productores de Leche (Fedeple), la Asociación de Criadores de Razas Lecheras (Asocrale) apuestan a la mejora constante, capacitación, actualización con una visión de crecimiento y mejora de la productividad. Parte de ese trabajo y la coordinación con Pro Leche, un programa desconcentrado dependiente del Ministerio de Desarrollo Productivo y Economía Plural, ha logrado un incremento paulatino del consumo de leche per cápita.

«El consumo no supera los 58 litros por año, una cifra todavía mínima en relación a otros países sudamericanos como Argentina, Chile y Brasil que están entre los 120 y 180 litros por año. Según la OMS el consumo ideal debería superar los 120 litros por año», dice María Antonieta Colamarino, presidenta de Fedeple. La apuesta institucional es avanzar aumentando los volúmenes de producción, el optimismo se sustenta en la calidad genética del hato lechero donde destacan la raza holando y girolando, tecnología de reproducción y modernos sistemas de ordeña. Bolivia tiene las condiciones necesarias para maximizar su producción de leche, pero la demanda del productor es incrementar el promedio de consumo del alimento entre los bolivianos.